domingo, mayo 22

¡Qué pase el desgraciado!


Desperté esa mañana con el sentimiento de que algo iba a pasar. Como siempre, me volví a equivocar. 
Te vi entrar, con esa sonrisa que roba suspiros y detiene planetas con sólo existir. Estabas a menos de un metro, estabas tan cerca y a la vez tan lejos. Traté de alcanzarte pero habías abierto tus alas, habías alzado vuelo. Del todo no te habías ido pero parecía que estabas suspendido, quizás en tus propios pensamientos, quizás en otro mundo; inalcanzable, intocable, imposible. Estabas lejos y de eso dudas no me quedaban. 
No sé dónde estabas, por dónde andabas mientras con cuidado esta idiota te admiraba. Lo único que sé con seguridad es que momentos así, sólo deseo tu frialdad.
¿Cómo hacías para mantener la calma? ¿Cómo podías estar tan sereno? Te envidio, te envidio tanto. 
Mirabas al frente: sólo tenías ojos para el pizarrón y oías con atención cada palabra que salía de la boca del profesor. Mientras tanto, en mi cabeza había lugar solamente para pensar en la manera en que tus caricias aceleraron mi corazón, en el roce de la punta de tus dedos contra mi piel tímida y oculta, en el secreto que los dos compartimos, en la manera en que nuestros cuerpos entrelazados por nosotros hablaron. Es triste saber que quizás sólo seremos eso, el recuerdo de un abrazo, de un roce escondido, las implícitas ganas de ser algo más, el beso que quedó pendiente, que jamás pudo existir y todo aquello que podría haber pasado si yo, aunque sea un poco, me hubiera arriesgado. 
¡Qué desastre! ¡Qué incertidumbre! ¡Cuánta curiosidad corre por mis venas! Pero soy tonta, soy idiota y no me animo a expresar mis dudas en voz alta, a hacer las mil y una preguntas que bullen en mi mente. Sólo me siento a esperar mientras sufro al verte tan indiferente, al sentirte tan distante, al creer que en realidad sos así de insensible... ¿Cómo podés verme sin estremecerte? ¿Cómo pudiste evitarme tan fácilmente?
Ojalá lo supiera... Ojalá algún día respondas a mis preguntas sin tener yo que formularlas, sin tener que entregarte mi corazón en bandeja, listo para que hagas con él lo que quieras.

1 comentario:

  1. Últimamente estoy sintiéndome exactamente de esta manera... Que difícil se puede tornar todo a veces, no?
    Tenés que delirar más seguido Rosaa!

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