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miércoles, octubre 11

Hoy voy a escribirte a vos. No vas a ser mi no-persona. Vas a ser el  de esta enunciación.

Quiero, pero no puedo, decirte todo lo que siento mirándote a los ojos. Quisiera ser tan valiente como para enfrentarte, como para mantener la mirada fija, la frente en alto y al mismo tiempo decirlo todo. Pero no puedo. Te juro que lo intento. Te juro que me pierdo mirándote y pensando la manera de hacerte llegar todo esto. Pero se me complica tanto...
Quiero contarte como empecé a sentir cosas por vos. Quiero contarte como siento, como me sentí.


Quiero saber tu lado de la historia aunque pierda la magia. 

Hoy me propuse hacer una lista
No una lista cualquiera:
una lista para que sepas
y conozcas todo lo que a vos me recuerda.
Tal vez esperes un poema,
mil metáforas
y quinientas hipérboles,
frases hechas, confrontadas;
ideas de otros, robadas;
pero no.
Es una lista, al fin y al cabo.

Esa campera.
Una canción de Lady Gaga.
Una serie.
Una charla
(que debo decir que surgió
por habernos negado a comer arroz)
Un abrazo inesperado.
Un minimarket violeta.
El 120.
Tres canciones de Arctic Monkeys.
Más abrazos inesperados.
Un olvido y un par de llaves.
Una siesta y un bondi que no llegaba.
Feria del Libro.
Caminito.
La Boca.
El Riachuelo
Más siestas. Más abrazos.

¿Por qué quise hacer esta lista?
Ya tengo el corazón inundado.

Un iceberg.
Educación pública.


miércoles, agosto 24

Estoy enojada.
No con vos. 
Estoy enojada.
Conmigo. 
Por incapaz. 
Por estúpida. 
Por no poder exteriorizar mis sentimientos. 
Por quedarme callada cada vez que lo intento. 
Por arder por dentro
cuando quiero gritar a los cuatro vientos
que te quiero, 
que jamás me sentí de esta manera, 
que sos el culpable de todo lo que me atormenta,
que desde que te conocí te convertiste en un pensamiento recurrente, 
que entraste en mi mente,
sin problema dejaste las maletas
y ahí te quedaste, 
sin intención de muy pronto irte.
Y eso me gusta. 
Y eso me asusta. 
Y por eso estoy enojada. 
No con vos.
Estoy enojada.
Conmigo.
Por haberme convertido en otra tonta enamorada. 

martes, mayo 24

Ô beaus yeus bruns...

Ô beaus yeus bruns, ô regars destournez,
Ô chaus soupirs, ô larmes espandues,
Ô noires nuits vainement atendues,
Ô jours luisans vainement retournez:
Ô tristes pleins, ô désirs obstinez,
Ô tems perdu, ô peines despendues,
Ô mile morts en mile rets tendues,
Ô pires maus contre moi destinez.
Ô ris, ô front, cheveus, bras, mains et doits:
Ô lut pleintif, viole, archet et vois:
Tant de flambeaus pour ardre une femmelle!
De toy me plein, que tant de feus portant,
Et tant d'endrois d'iceus mon coeur tatant,
N'en est sur toy volé quelque estincelle.


Oh bellos ojos negros...
¡Oh bellos ojos negros, oh mirar distanciado,
Oh cálidos suspiros, oh lágrimas vertidas,
Oh las oscuras noches vanamente atendidas,
Oh los días claros vanamente retornados!
¡Oh dolientes quejas, oh deseos obstinados,
Oh tiempo malgastado, oh penas prodigadas,
Oh mil muertes en mil celadas desplegadas,
Oh peores males en mi contra destinados!
¡Oh brazos, manos, dedos, cabello, risa, frente,
Oh voz, oh viola y arco, oh laúd doliente!:
¡Cuántas llamas para hacer arder a una mujer!
De ti me quejo, que tanto fuego poseyendo,
En tantos lados mi corazón fuiste encendiendo,
Sin que un solo destello pudiera a ti volver.

Louise Labé.

domingo, mayo 22

¡Qué pase el desgraciado!


Desperté esa mañana con el sentimiento de que algo iba a pasar. Como siempre, me volví a equivocar. 
Te vi entrar, con esa sonrisa que roba suspiros y detiene planetas con sólo existir. Estabas a menos de un metro, estabas tan cerca y a la vez tan lejos. Traté de alcanzarte pero habías abierto tus alas, habías alzado vuelo. Del todo no te habías ido pero parecía que estabas suspendido, quizás en tus propios pensamientos, quizás en otro mundo; inalcanzable, intocable, imposible. Estabas lejos y de eso dudas no me quedaban. 
No sé dónde estabas, por dónde andabas mientras con cuidado esta idiota te admiraba. Lo único que sé con seguridad es que momentos así, sólo deseo tu frialdad.
¿Cómo hacías para mantener la calma? ¿Cómo podías estar tan sereno? Te envidio, te envidio tanto. 
Mirabas al frente: sólo tenías ojos para el pizarrón y oías con atención cada palabra que salía de la boca del profesor. Mientras tanto, en mi cabeza había lugar solamente para pensar en la manera en que tus caricias aceleraron mi corazón, en el roce de la punta de tus dedos contra mi piel tímida y oculta, en el secreto que los dos compartimos, en la manera en que nuestros cuerpos entrelazados por nosotros hablaron. Es triste saber que quizás sólo seremos eso, el recuerdo de un abrazo, de un roce escondido, las implícitas ganas de ser algo más, el beso que quedó pendiente, que jamás pudo existir y todo aquello que podría haber pasado si yo, aunque sea un poco, me hubiera arriesgado. 
¡Qué desastre! ¡Qué incertidumbre! ¡Cuánta curiosidad corre por mis venas! Pero soy tonta, soy idiota y no me animo a expresar mis dudas en voz alta, a hacer las mil y una preguntas que bullen en mi mente. Sólo me siento a esperar mientras sufro al verte tan indiferente, al sentirte tan distante, al creer que en realidad sos así de insensible... ¿Cómo podés verme sin estremecerte? ¿Cómo pudiste evitarme tan fácilmente?
Ojalá lo supiera... Ojalá algún día respondas a mis preguntas sin tener yo que formularlas, sin tener que entregarte mi corazón en bandeja, listo para que hagas con él lo que quieras.